
Siempre huyes.
Huyes de mis ansias
como un hurón rabioso.
Eres igual a la roca
que estalla en trozos de miniatura.
Así marcas tu distancia.
Tu territorio es remoto, imaginado y sin fronteras.
Jamás me has marcado linderos ni levantado muros.
Tan solo te vas
para que no puedan llegarte mis palabras.
Tu estrategia es la distancia.
Como un velero en un océano de sargazos,
remota vela en el horizonte que dictamina naufragios.
A veces quisera callarme.
A veces.
A veces desearía no hablarte con agujas
y dejar pasar tus golpes de abecedario.
Pero una palabra enciende el fuego de la llama dormida
y un recuerdo vago es un reclamo bajo tierra.
Es entonces cuando levantas ancla
y en silencio zarpas.
Así te alejas siempre,
siempre más remota
y me dejas en el pecho el miedo oculto de que no vuelvas.
De que quizás, un día,
vayas tan lejos
que olvides el camino de regreso
y perdida en tu distancia todo sea irreversible.
Ya veo que has seguido con la poesía
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