sábado, 18 de junio de 2011

Haikú (VI)




Los cocuyos entran por la ventana.

Estrellas aladas

que huyen de la noche.


Viene corriendo un caballo.

El sol es su jinete

y viene del Oriente.


El torero esquiva una cornada.

El toro resopla,

con aliento de venganza.


Llega la hora del eclipse.

Los pájaros vuelan asustados.

El día y la noche en un mismo cielo.


Una flor vuela en el aire.

Una mariposa

ocupa su lugar sobre una rama.


Caminamos separados

por las calles del atardecer.

Nuestras sombras se mezclan en el piso.

HAIKÚ


El calendario se deshoja.

Las raíces del tiempo

no dejan de crecer.


La luna bebe el agua del río.

Las estrellas

son lluvia congelada.


Un pañuelo lleno de lágrimas

se seca al sol.

El corazón sigue húmedo.


En la hora de su muerte

la mariposa recuerda

su niñez de oruga.


El arte del dibujo.

La mano en el carboncillo,

el ojo que descubre lo invisible.


El extraño arte de escribir

consiste

en saber borrar.


Las tumbas son hechas

para que las visiten los vivos.

Los muertos son la excusa.


La corriente se lleva

mi reflejo río abajo.

Mi rostro envejece.


La levadura infla

la masa delgada del pan.

Los niños sonríen.


Una vela encendida

en mesa de noche.

Libélula de cera.


Germina la semilla

y rompe su piel.

Oruga vegetal.

Haikús (V)


El cielo es más pequeño

en los charcos de agua,

pero está más cerca.


He venido a ver los árboles.

Bajo su sombra dormiré.

Mi manta, las hojas de otoño.


Un rey con tres espadas

mata a su reina de corazones.

Crimen en los naipes.


El canario canta.

Su cuerpo está enjaulado,

su trino es libre en el viento.


Los tejados lloran

con gotas de lluvia.

Existe otro cielo.


Soy un marinero.

Para ver el mar

me miro al espejo.


Cantan las sirenas.

Los marineros viejos

se burlan de ellas.