Eres un cometa
que se enreda entre los árboles.
Ansiosa de morder la luna,
un día te fuiste a jugar con la galaxia
y abandonaste
entre mis manos
el zumbido de tus alas de abeja.
Ahora,
tu lejanía es la pulpa de tu encanto.
Por eso,
no quiero buscarte.
Yo soy feliz en mi cubículo de astrónomo.
Para mirarte
me basta la luz de un telescopio
y el cuaderno donde dejé anotadas
tus coordenas de asteroide galáctico.
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