sábado, 30 de enero de 2010

Esa vez, la lluvia...


Esa vez,
nos sorprendió la lluvia.

Esa vez,
tu cabello parecía de sirena
y tus dedos se arrugaron
como diez pasas de vino.

En tus pestañas largas se colgaron,
como diminutas arañas de cristal,
la gotas
de aquella lluvia sin destino


Esa vez,
corrimos bajo la el vendaval.
Tus ojos de lechuza
jamás me miraron tanto...


Hasta tu silencio había quedado empapado.
Tus labios
sabían diferentes con el agua de lluvia.
El sabor del cielo había caído hasta tu boca
y en tu aliento
sentí el breve calor de tu organismo.

Esa vez,
juntos amasamos un recuerdo.
El agua de lluvia
fungió como argamasa
y como un castillo de arena
tu y yo levantamos una luz en la memoria.

CAMA DE ROSAS

.
Anoche, dormí feliz en una cama de rosas. Hoy, desperté sangrado por las espinas.



TE RECUERDO SOÑANDO


Te recuerdo soñando...

También,

te recuerdo despierta

y hablando de tus sueños.


Te recuerdo

con un carboncillo

entre tus dedos

y dibujando

los remotos paisajes

que en tu silencio

habías soñado.


A veces,

eras una roca muda.

¿Cuántas veces te quedaste así?

Como una antigua estatua,

inmóvil, silenciosa como una caverna...

Esa era tu manera

de soñar despierta.




A VECES



A veces, en el ascensor,
sólo somos dos extraños:
dos absurdos,
como la humanidad que sube y baja.
Azotados por un huracán de negaciones,
contemplamos el reloj,
para evitar nuestras miradas.


A veces; bajo la dicha del árbol en la plaza,
quiero contarte mi vida, mi infancia y lo que quiero…
pero volteo y te miro callada y ausente
y entiendo que estás fuera de mi vida y de mi tiempo.


Pero justo en ese instante te volteas
y me obsequias la alegría de tus grandes ojos negros…
como un relámpago imprevisto me capturas
y sonríes apenada y nada puedo
decir cuando me dices :«¡Perdón!»
por no haberme escuchado.


Como una ola vas y vienes, no te cansas,
de llegar a mis arenas y volverte
hacia el mar invisible hecho con tus pensamientos
cada vez que volteas tu mirada.