martes, 6 de julio de 2010

VOLVERTE A VER...


"Volverte sería un golpe a mis sentidos. Sería un viaje al pasado, sin poder olvidar mi presente". (H.L.L)

SI UNA MUJER AMA A UN HOMBRE...


"Si una mujer ama a un hombre le perdonará todos sus defectos. Pero si no lo ama, no le perdonará ni siquiera sus virtudes". (Federico Vegas)

lunes, 5 de julio de 2010

AURA DE CARLOS FUENTES


Hermosa narración en segunda persona, única novela cifrada en esta perspectiva narrativa y que logra tanta vida y poesía.

"Tu sentirás.. tu caminarás... oirás, y la verás, y no sabrás si la amas o todo es fruto de la magia". Carlos Fuentes logra persuadir de tal modo al lector, que hasta hoy no estoy seguro si esta obra es en realidad una novela o un ejercicio de hipnotismo.

Con algo de miedo, afirmo que las páginas de “Aura” desprenden al lector del mundo que lo rodea y lo mueven—como una marioneta manejada por los hilos de la voz narrativa— a través de la casona en que Aura barre, limpia y duerme entre los espejos y el retrato de su abuela… su abuela, que en realidad es ella misma.

¿Quién es Aura? Lo más estremecedor del libro es que descubres que la joven protagonista de la historia y la anciana dueña de la casa son en realidad la misma persona: un pasado y un futuro atrapados entre colonias dóricas y gárgolas en las cornisas.

Hay algo de pavor y vértigo, especialmente cuando el profesor de francés despierta después de haber hecho el amor con Aura y consigue a su lado a la vieja que aún dormita. En el silencio de la madrugada, el profesor no huye de la cama, sino que observa a la anciana y dilucida bajo los pliegues de su vejez el rostro, la respiración y la pasión de Aura…

Increíble obra, mi favorita del mexicano Carlos Fuentes, una de las novelas mejor escritas y con una riqueza de vocabulario envidiable.

EL GENERAL EN SU LABERINTO


Hay libros que se leen y regresan a las bibliotecas. Otros en cambio se quedan para siempre en la mesita de noche, espantando las alas del insomnio.
En mi caso, no he regresado "El General en su laberinto" al polvo de los anaqueles. Por el contrario, las correrías de Bolívar por el río Magdalena me acompañan. Incluso, recuerdo que en un viaje a Ciudad Bolívar llevé el libro conmigo y aún en la lejanía de mi hogar las páginas de ésta novela entretuvieron mi imaginación en las horas en que no tenía sueño.
Me gusta el lenguaje, la investigación histórica, el fino ojo de García Márquez para seleccionar detalles. Pero lo que más me deleita es leer a un Bolívar que dice groserías, que tiene dolor de estómago, que tiene el pecho blanco y las extremidades bronceadas. Es el retrato de un hombre real que padeció la cotidianidad, la traición y el hastío. No es la estatua fría que vemos en las plazas, sino un hombre que resbala y sueña, y a veces que cree que sus sueños pueden hacerse realidad y a veces piensa que sus ideas de libertad no son otra cosa que ideas infantiles.

MARIA DE JORGE ISAACS



Usualmente, la literatura de senda romántica nos suele hablar de lejanas ábsides góticas, ríos como el Danubio, mitología de faunos o hadas, antiguos parajes de los Alpes europeos, borrascas de nieve y cuatro exactas estaciones en el año.
Sin embargo, esta novela nos confiesa la intimidad de las araucarias, písamos, higuerones, guaduales, cañaverales, armadillos que corren la sabana, las lluvias que zozobran las plantaciones y todo aquello que nos es afín, propio y anclado en la memoria y tradición de quienes vivimos en estos rincones del mundo.
Pero lo más importante, en esta que creo es la primera gran novela de nuestro idioma en América, es que sale a flote una primera mirada sobre la mujer.
Con esta novela nuestra literatura se aleja de las guerras, de las luchas entre conquistadores e indígenas, de las aventuras tras la pista de El Dorado, de la fauna barroca o de la grandeza del Amazonas.
En “María” por primera vez, desde los cronistas de indias, la naturaleza es desbordada. El contexto del Arauca es un paisaje de fondo. María es la protagonista, es el centro, el foco del narrador y el espíritu que mueve las páginas del libro. Tenemos una literatura que abandona el asombro por la naturaleza, una mirada que se ha acostumbrado a vivir en estas tierras, una mirada “americana” que confiesa que el Arauca es el suelo vivo de su infancia y que siente inconformidad, dolor y lejanía cuando la destierran en las alturas de Bogotá o en Europa.
Tenemos así la maravillosa revelación de que una mujer ha sido capaz de desplazar los portentos de la naturaleza.
La sencillez de su historia hace que todo se centre en el descubrimiento, en la descripción, en los gestos de María, en los juegos de palabras, en la tenue aceptación que se va pactando. A todo esto hay que agregar que está escrita con lenguaje de primera línea, quizás una de las mejores muestras de los niveles que puede coronar el idioma castellano.

AMBROSE BIERCE


Desde la primera vez que leí a Ambrose Bierce tuve la sensación de que el autor era un pillo fanfarroneando sus argucias. Con su gusto por lo raro, por lo que todos ven y nadie nota, Bierce es junto con Edgar Allan Poe y el uruguayo Quiroga los máximos delineantes del cuento de misterio.
Me encantan los títulos como “Aceite de Perro”, y “El club de los parricidas”. Mi relato favorito es el cuento “La maldita cosa”, en el que un grupo de amigos se acomoda en la mesa a la hora de la cenar y sobre está hay un hombre muerto… Como lector tuve la angustiosa idea de que iban a degustar el cadáver. Pero el autor da una vuelta a la historia, y el jefe de aquella reunión extrae un pequeño diario de la chaqueta del difunto y empieza a leerlo en voz alta…
La vida de Bierce fue tan extraña y seductora como sus libros. Jamás olvido el día en que puse en mi casa la película “Gringo Viejo” y vi que en ella el personaje central era un escritor viejo y desaliñado y no pude menos que sonreír cuando supe que se trataba de Ambrose Bierce.
Fue en ese momento cuando supe que otro de mis autores predilectos, el mexicano Carlos Fuentes, escribió su novela “Gringo Viejo”—luego adaptada al cine—basándose en la biografía de éste escritor.
Mi asombro duró varios días cuando corroboré que Ambrose Bierce, a sus ochenta años, marchó a pelear en la revolución mexicana y su cadáver jamás fue encontrado.

MADAME BOVARY


Esta novela presenta una estructura perfecta… una estructura que, pese a su sencillez, tardé en dilucidar.
La pregunta inicial que taladró mi mente cuando empecé a leerla fue : «¿Si la novela se llama Madame Bovary, por qué empieza con la historia del esposo?».
Lo más curioso es que cuando mis dedos pasaron la última página, me sentí aún más intrigado cuando vi que el autor había reservado para el final la muerte de Carlos Bovary.
«¿Por qué la novela empieza y termina con un personaje secundario?», me pregunté una y otra vez, hasta que un buen día alguien me aclaró la duda.
“Madame Bovary” está diseñada para destacar a su protagonista: una mujer con una vida llena de subidas y bajadas, alegrías y depresiones, locuras y pasiones, contradicciones y verdades… Curiosamente, quien me aclaró esta la duda no fue un literato, sino un instructor de artes plásticas de la universidad. Por supuesto que este profesor no podía hacer otra cosa que explicarme la estructura de “Madame Bovary” con una metáfora visual:
“Para que la curvatura de una línea se destaque debe tener como referencia una línea recta”, fue lo que me dijo, y luego, terminó de aclararme todo.
La protagonista de esta historia tiene una existencia ajetreada, como la curva de una ruleta rusa. En cambio, su esposo, Carlos Bovary, es un personaje en una sola dirección, el contraste perfecto para ella. De esta manera, Flaubert nos pinta un cuadro magistral. Es así como resulta lógico que el esposo de la protagonista sea el primero en aparecer, pues él es quien le da motivos a ella, él le da el apellido Bovary y sin él la protagonista no tendría contra quien rebelarse .
Flaubert tenía una responsabilidad y un orgullo por la literatura que lo hacía escribir y abrazar el diccionario en busca de “la palabra adecuada”.
Pero también pensaba en aquello que no formaba parte de la palabra, es decir, en la disposición de los elementos narrativos, personajes y anécdotas.

Su sonrisa...


"...su sonrisa, la de ella, era como un augurio o una fábula su mirada, la de él, tomaba nota de cómo eran sus ojos, los de ella, pero sus palabras, las de él, no se enteraban de esa dulce encuesta" (Mario Benedetti)

Que buen insomnio...


"Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo" (Mario Benedetti)

EL AUTÉNTICO ESCRITOR...


"El auténtico escritor no necesita consejos: tiene que escribir, resistir, perseverar frente a todo. Está condenado a ello." (Jorge Herralde)

LA PALABRA




La palabra no tenía boca.
Estaba encerrada
entre dientes, en una cueva oscura.
En un aire de desierto,
apenas viva, casi muerta,
enferma de un aliento de pulmonía.
Fugitiva, ebria,
se llenó de símbolo y significado,
de grillos, cicatrices y de astros,
de cólera y de frío.
Besó las cosas, las odió,
las sustituyó con golpes y sonidos
y las bautizó con una palabra y un idioma.
La palabra salió de su caverna
y entonces hizo el mundo.