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lunes, 1 de agosto de 2011

ALGUIEN TRAZA UN NOMBRE EN LA PARED


Una mano traza un nombre en la pared,
en la noche sanguínea,
en las luces de los postes que deshojan los insectos.

Bajo la erguida mirada de los semáforos,
alguien traza un nombre en la pared.

Es un guerrero de spray negro,
botines deportivos y gorra de pelotero,
en sus manos un zumbido de abeja
va pintando la longitud de un muro.

Pandillero que repite la edad de las cavernas
cuando los cazadores heridos piel adentro
dibujaban los senos y caderas de una hembra desnuda
en las paredes de su cueva subterránea.

Pero ahora hay ciudades con pieles de concreto.
Edificios miopes con ojos de vidrio,
muros en el cruce de avenidas traicioneras,
lienzos y tentación de poetas callejeros.

Un corazón desvelado traza un nombre en la pared.
Sin la inhibición del diccionario,
sin importar ni las comas ni el acento.

La noche cabalga en la pezuña de los taxis.
A veces, ladra el terror desatendido
de la última estación del subterráneo

Un adolescente traza un nombre en la pared
con una música de rock en sus oídos
y lo hace para que una joven de larga cabellera,
grandes ojos de antorcha azul,
se asome a la ventana de su cuarto,
y vea su propio nombre en un trozo de ciudad.

Alguien escribe un nombre en la pared
en el primer minuto de la ciudad despierta,
en la hora en que los kioscos cargados de periódicos
se abren como flores al sol de la mañana

Alguien escribe un nombre en la pared
y lo deja a la intemperie.

Pandillero que arroja su lata de spray a las alcantarillas.
y sale corriendo sin firmar su obra,
porque a fin de cuentas un graffiti siempre ha sido
la voz anónima de la ciudad desnuda.

sábado, 18 de junio de 2011

Haikú (VI)




Los cocuyos entran por la ventana.

Estrellas aladas

que huyen de la noche.


Viene corriendo un caballo.

El sol es su jinete

y viene del Oriente.


El torero esquiva una cornada.

El toro resopla,

con aliento de venganza.


Llega la hora del eclipse.

Los pájaros vuelan asustados.

El día y la noche en un mismo cielo.


Una flor vuela en el aire.

Una mariposa

ocupa su lugar sobre una rama.


Caminamos separados

por las calles del atardecer.

Nuestras sombras se mezclan en el piso.

HAIKÚ


El calendario se deshoja.

Las raíces del tiempo

no dejan de crecer.


La luna bebe el agua del río.

Las estrellas

son lluvia congelada.


Un pañuelo lleno de lágrimas

se seca al sol.

El corazón sigue húmedo.


En la hora de su muerte

la mariposa recuerda

su niñez de oruga.


El arte del dibujo.

La mano en el carboncillo,

el ojo que descubre lo invisible.


El extraño arte de escribir

consiste

en saber borrar.


Las tumbas son hechas

para que las visiten los vivos.

Los muertos son la excusa.


La corriente se lleva

mi reflejo río abajo.

Mi rostro envejece.


La levadura infla

la masa delgada del pan.

Los niños sonríen.


Una vela encendida

en mesa de noche.

Libélula de cera.


Germina la semilla

y rompe su piel.

Oruga vegetal.

Haikús (V)


El cielo es más pequeño

en los charcos de agua,

pero está más cerca.


He venido a ver los árboles.

Bajo su sombra dormiré.

Mi manta, las hojas de otoño.


Un rey con tres espadas

mata a su reina de corazones.

Crimen en los naipes.


El canario canta.

Su cuerpo está enjaulado,

su trino es libre en el viento.


Los tejados lloran

con gotas de lluvia.

Existe otro cielo.


Soy un marinero.

Para ver el mar

me miro al espejo.


Cantan las sirenas.

Los marineros viejos

se burlan de ellas.