miércoles, 16 de diciembre de 2009

LA BALA


La bala salió disparada. Su misión era matar, pero ella no quiso hacerlo. A propósito, cambió su dirección y falló el blanco. Luego de ésto, las personas gritaban, huían o se tiraban al piso sin querer saber nada de ella.
"¿Por qué me desprecían?", pensó la bala. "No hice nada malo y ahora todos vociferan que soy una bala perdida".
Antes de estrellarse contra un muro, la bala entendió que un león debía cazar, un pez nadar, un cuchillo cortar y un proyectil debía matar. De esta manera, cualquier cosa que no cumplía con el destino para el cual había sido creada era considerada un fracaso...y ésto germinaba el odio y el miedo de la gente.

CADA NOCHE



M
is ojos no han dejado de mirarte.
aunque estés tan lejos, tan remota en el ocaso…

Más allá de catedrales centenarias
tu nombre dejé oculto bajo tierra.

Como un niño quise sembrarte en el olvido,
pero cada noche navegué en un remolino de nostalgia.

Un río de sueños me arrastra al mar de tu memoria.
Eres una marejada que destruye el rompeolas del olvido.

Ojalá dejaras de aparecerte cada noche.
En la antesala de mis sueños, tu rostro me ronda y me sonríe.

Quizás, si no tuviera que dormir podría olvidarte;
pero en las noches, detrás las estrellas, están tus ojos negros…

Y así como te veo, me resigno al despertarme,
y acepto que soy un navío anclado a tu recuerdo.

martes, 11 de agosto de 2009

Moby Dick

Todo empezó con Moby Dick.
Empece a leer este libro en la soledad de mi infancia, y fue no solo compañía sino designio y brújula de mi mayor pasión.
Acababa de cumplir los nueve años. Jamás había leído un libro. Mi infancia era una mezcla de claustro y una vida conmigo mismo. En casa, ademas, no salíamos mucho, y mis padres tenían su propia soledad, por lo que de algún modo eramos un hogar de egoistas y solitarios que nos negábamos a convivir entre nosotros.
No latía en mí la pasión de un viajero: pero con las primeras paginas de esta novela huí de los linderos de mi cuarto, de la cocina con su olor a masa frita, de la sala con cuadros tristes en las paredes, de nuestro comedor con manteles verdes y del balcón donde mi madre le prestaba más atención a sus helechos que a mí.
Nunca en mi vida había visto el mar, pero de la mano de Moby Dick navegué en el Pequod y sentí pasión, miedo y curiosidad por las ballenas.
¿Acaso sabría Melville que con su obra alimentaría las tardes de un niño que creció sin hermanos? De algún modo, esta novela tiene un toque de magia, pues logro alejarme de la television y de las comiquitas para dedicarme a leer, leer y leer...
En fin que se los recomiendo para que conozcan el tamaño de una obsesión, que a fin de cuentas es el tema del libro, una obsesión que tiene nombre y forma color: Moby Dick, la ballena y el color blanco.

Voces y Equipajes


Tu voz germinó en mis recuerdos
del tiempo en que fuimos fugitivos.
Evadidos del algebra y los libros
nos refugiamos en el patio de la escuela.

Siempre hablabas tú.
Tu voz era un río de anécdotas perfectas.
Eras mujer, risa y palabra.
Tu mirada, quizás, buscaba los planetas.
O, simplemente, imaginabas
sutiles formas en las nubes viajeras.

Yo me quedaba en silencio.
Cada frase tuya era tan honda y risueña.

Ni siquiera quise hablar aquella tarde
cuando destrozamos una laja de piedra
y sorprendimos a una salamandra durmiendo
en el sueño anfibio de las yedras.

La distancia es más larga que tu voz.
Por eso, guardo tu sonrisa y tu acento,
embaladas en un rincón de mi equipaje
para cubrirlas del olvido y el tiempo.