
La mujer no tenía ojos, pero él podía ver su alma través de sus senos. La mujer no tenía boca, pero el podía oír su voz a través del roce de sus pies. La mujer no tenía cabellera, pero él sabía que ella existía porque cada noche la besaba en el aire de las montañas y en las huellas de la hojarasca.
Un día, él se dio cuenta que él tampoco tenía ojos, ni boca ni cabellera. Sin embargo, la mujer también creía que él era real.
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