
¿Cuántas veces me dijiste
que tu corazón era un monstruo?
Ese día te miraste ante el espejo
con un cuchillo de carnicero
rebanaste tu pecho en dos.
Asombrada
viste que no tenías corazón alguno.
Bajo tu piel
una ranita viva y verde saltaba con furia
enjaulada detrás de tus costillas
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